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utopia
20
May

Visionarios

Nunca subestimes el poder de la imaginación porque es el motor de la creación. A partir de ella se mueve el engranaje de un proceso que empieza con un boceto y termina con un proyecto. Como el que recientemente ha presentado un estudio de arquitectura para la ciudad de Londres. En el mismo se plantea reutilizar los pasos elevados de la red de ferrocarriles y cercanías de la capital del Reino Unido como carriles bici. De este modo se conectan todos los puntos de la ciudad con un medio de transporte ecológico y universal. Un proyecto visionario necesario para afrontar el presente y el futuro de las ciudades. Aunque a veces la falta de dinero, de voluntad o de confianza para poder realizarlos hace que estos o bien acaben en el fondo de un cajón o cuando se hacen realidad no se parezcan mucho a lo que con toda libertad se dibuja sobre una hoja en blanco.

Los grandes problemas requieren de soluciones audaces. En este sentido, la serie británica Utopía afrontaba desde el punto de vista de una oscura organización un problema para el futuro de la humanidad como puede ser el agotamiento de los recursos finitos del planeta. Su solución era drástica y criminal. Consistía en eliminar a parte de la población a través de la transmisión de un virus. Una visión reduccionista que contrasta con otra más visionaria, explorar otras galaxias en busca de un hábitat saludable para el ser humano, que se plantea en la película Interstellar. Lo cual demuestra que frente a la tesitura de salvar a la humanidad se necesita pensar a lo grande rompiendo los límites de la imaginación para buscar las soluciones donde sea. Aunque se encuentren más allá de las estrellas.

Y si bien nuestros problemas son ciertamente de otra dimensión, no obstante hay que tener amplitud de miras también para afrontar los obstáculos con los que nos encontramos en nuestra vida. Esto significa creer tanto en nosotros mismos como en los demás. Y vencer a nuestro interior puesto que todo lo que nos paraliza y nos da miedo tiene su epicentro allí.  Por este motivo las soluciones a nuestros problemas más delicados se encuentran al salir de nuestra zona de confort y mirar más allá.

Como hizo el matemático Alan Turing cuando se le propuso romper los códigos de la máquina Enigma con el objetivo de permitir a los aliados anticipar los ataques y movimientos militares nazis. Turing formó equipo con un equipo de expertos en criptografía y diseñó la bombe, una máquina electromecánica para eliminar una gran cantidad de claves enigma candidatas. Su funcionamiento consistía en que para cada combinación posible se implementaba eléctricamente una cadena de deducciones lógicas con las cuales era posible detectar cuándo ocurría una contradicción y desechar la combinación.

Y es que como en varias secuencias de la película The Imitation Game, que cuenta este fascinante desafío, se repite “A veces la persona que nadie imagina capaz de nada es la que hace cosas que nadie imagina”.

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