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25
Feb

El eterno retorno de la novedad

Andy Warhol

Algunos lo llaman nostalgia pero no lo es. No es cuestión de nostalgia que Polaroid vuelva a fabricar sus cámaras o que las ventas de vinilos suban cada año. Los objetos, los estilos artísticos y los movimientos políticos siempre vuelven. Es un eterno retorno y no nos debería sorprender. Del clasicismo al neoclasicismo, neo no significa nuevo sino una vuelta al pasado, aunque ahora prefiramos llamarlo vintage al referirnos a los objetos.

Como nos gusta mucho poner nombres a las cosas que ocurren y más si suenan en inglés hay una palabra, commodity, que explica muy bien lo que nos pasa. En el momento en que la tecnología se ha vuelto un commodity -un producto o servicio de uso corriente y no diferenciable- volvemos al pasado. Cuando ya podemos hacer fotos con el móvil y obtener unos resultados casi profesionales, gracias a los filtros de Instagram entre otras aplicaciones, preferimos volver a la Polaroid. Y ¿por qué no a la cámara oscura? Sería mucho mejor esta última opción porque le daríamos valor a la creación de una imagen. Una atribución que, por repetición o comodidad, hemos olvidado. Llevaba razón Andy Warhol cuando serigrafió la imagen de Marilyn Monroe un millón de veces para que perdiese la exclusividad que tenía antes un cuadro.

Crear una imagen a partir de métodos tan elementales como la cámara oscura, no en vano es el origen de la fotografía, nos devuelve la sensación de logro provocada por conseguir una instantánea única jugando solo con la luz. Da igual si es perfecta o no. Lo importante es que lo hemos logrado por nosotros mismos. Igualmente pasa con la coctelería.

Hace tiempo estuve en una charla taller con Javier de las Muelas y dijo algo que se me ha quedado grabado hasta el día de hoy. Hablaba de la coctelería como arte y del momento único y especial de preparar un cóctel para alguien. Y nos preguntaba ¿qué cóctel prepararías a Sharon Stone? ¿Qué ingredientes le pondrías? En realidad ese cóctel es un regalo, algo propio con el cual queremos impresionar, agradar o satisfacer a una persona especial sea o no Sharon Stone. Igual sucede al poner una canción en un disco de vinilo. No solo se trata de elegir la adecuada sino también de acertar con la aguja en la hendidura del disco para que no llore ni haya ningún silencio. No es lo más cómodo si lo comparamos con las múltiples formas que tenemos ahora de seleccionar una canción y hacer que suene. Sin embargo, tiene mucho más valor que todas las anteriores.

Evidentemente no estoy en contra de la tecnología ni de sus comodidades. Eso sería igual que si hubiera aterrizado procedente de otra época y ésta me generase rechazo. No es eso. Solamente llamo la atención en que todo vuelve porque en realidad nunca se ha ido. La historia de la humanidad nos ha permitido evolucionar, acumular conocimiento y ser capaces de fabricar las herramientas necesarias para facilitarnos la vida. Sin embargo, por mucha tecnología o gadget que sea protagonista en nuestra vida todavía tenemos la capacidad para decidir y mandar sobre ella. Y valoraremos siempre más lo que nos ha costado esfuerzo, ha supuesto un reto o hemos tenido que utilizar todo nuestro ingenio u habilidad frente a cualquier acción obtenida a golpe de clic.

Por eso nunca se puede hundir tu vida porque se te acabe la batería del smartphone.

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